Miguel Fernández
nace en Gijón en 1.952. Cursa estudios de electrónica en su ciudad natal y musicales en el Conservatorio Profesional de Música de Oviedo.
 
En 1.971 comienza a componer música electroacústica, utilizando para ello un laboratorio de sonido diseñado y construido por él mismo.
 
En 1.978 funda -junto a varios artistas plásticos- el grupo de arte vanguardista Gruva, para acercar el mundo musical al arte plástico; desde entonces a realizado conciertos de música electroacústica con obras de composición propia en España, Francia, Suecia, Alemania y Portugal.
Ha formado parte del grupo impulsor y fundador de la Universidad Popular Municipal de Gijón.
Desde 1.976 a 1.989 formó parte -como profesor de contrabajo- de la Orquesta Sinfónica de Asturias, con la que obtuvo la medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes.
 
Desde 1.989 es profesor de Acústica Musical y Organología en el Conservatorio Superior "Eduardo Martínez Torner" del Principado de Asturias.
 
Es miembro del Instituto Música, Arte y Proceso de Vitoria-Gasteiz, desde el que colabora en trabajos de investigación sobre los efectos del arte en el ser humano. Pertenece al claustro de profesores invitados que imparten la formación de Musicoterapia en dicho centro.
 
Desde 1992 está trabajando con entidades públicas y privadas en temas relacionados con la Ecología Sonora y la lucha contra el Ruido, y publicando artículos sobre el tema en revistas especializadas.


Es autor del libro “Acústica para todos ¡incluidos los músicos!” de la editorial Agruparte (Vitoria-Gasteiz). Y coautor en los libros: “La música como proceso humano” de la misma editorial y “Music vibration” de la editorial Jeffrey Books (EEUU).

EL SONIDO SIEMPRE NOS ENVUELVE


El sonido... ¿Qué es el sonido?: ¿Una sensación?, ¿Una realidad?, ¿Son reales las voces que nos hablan desde el otro lado del teléfono? Y las de los sueños, ¿Es cierto que las oímos?
 
Muchas preguntas para no responder, porque creo que quizás no se deseen respuestas. El tema es demasiado viejo para ya habérnoslo planteado en alguna otra ocasión anterior y haberlas encontrado, y aunque no estén muy acertadas, sin duda nos habrán satisfecho y transportado al mundo de la fantasía. Y mejor no darle más vueltas porque si hurgamos demasiado en el tema, quizás se rompa la magia. La ciencia tiene las respuestas pero me parece que a pocas personas le puedan interesar. Temen que si se desvela el secreto, el encanto del sonido desaparezca.
 
Pero lo cierto es que el sonido siempre nos acompaña. Unas veces lo hace amablemente y nos presenta su cara agradable y deseada como la de un amigo, mientras que en otras, cambia su faz y se vuelve un ruido áspero y desagradable.
 
El sonido de la ciudad; del viento; del mar; del trabajo; del ocio... nos envuelve y se nos pega como una segunda piel y así luego, nuestros pensamientos serán sonoros y hasta la conciencia nos susurrará o gritará, según tenga el día.
 
Del sonido no nos podemos escapar. Por mucho que nos escondamos de él siempre nos encontrará. Estamos condenados a convivir con él y lo mejor, sería asumirlo cuanto antes. Su ausencia: el silencio, es una ilusión. Un engaño que nos creemos nosotros mismos, y es curioso lo diferente que puede ser el silencio para las diferentes personas: el silencio del mentiroso; el del abatido; el del traidor; el del ruidoso; el del sordo... y el del artista. 

 

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